6 “collejas intelectuales” para que empieces a hacer lo que debes hacer

¿Conoces la incomodidad de ese golpecito en la nuca, más sonoro que doloroso, con una intención más de advertencia que de castigo, llamado colleja? 

Una colleja correctamente recibida, con la intensidad justa y en su momento oportuno, tiene un efecto catártico instantáneo. Cambia nuestro estado basal y nos transporta a un estado de activación alto, en escasos milisegundos. ¡Collejas…a veces tan necesarias!

Si estás pensando en lograr tus objetivos, en este artículo te propongo 6 “collejas intelectuales” basadas en algunas excusas frecuentes que usamos a la hora de no hacer aquello que sabes que debes hacer.. El objetivo es cambiar tu estado e interrumpir drásticamente esa resistencia al cambio y al movimiento, para que te decidas a empezar. 

  1. Dejar de ser normal.

Todos nos hemos encontrado alguna vez en una situación en la sentíamos que no pegábamos ni con cola. En la que nos encontrábamos desentonando. En la que hemos puesto, con nuestra maravillosa capacidad telepática, un “qué pinta éste aquí” en la mente de los otros. 

La conformidad es poderosa. Es curioso cómo somos capaces de cambiar nuestras propias creencias, actitudes y comportamientos para cumplir con las normas sociales existentes. Esto nos atrae con una fuerza tremenda a cumplir el “estatus quo”, a no alzar la mano, a volver a la fila o a no empezar ese proyecto que tenemos en mente todavía, porque no es perfecto.

Tenemos tendencia en centrar nuestra atención en gustar a todo el mundo para agradar y ser validados por los demás. Nos censuramos a nosotros mismos por agradar, ser normales.

Si das un paso al frente y haces algo “diferente”, puede que te aleje de agradar a todo el mundo.

¡Está bien!  Eso no es nada fácil, lo reconozco. La normalidad nos aleja de lo individual y castiga lo poco frecuente. Y alejarse de ella puede implicar no aceptación. Te propongo que empieces por pequeñas acciones. Al final, como con todo, es cuestión de actitud y práctica.  Poco a poco verás cómo te alejas del letargo de la inmovilidad. 

2. Ahora no tengo tiempo 

¡Venga! ¿Cuánto te pasas delante de tu tele, smartphone, tablet u ordenador? Todos usamos las redes sociales para informarnos, entretenernos, charlar con nuestros amigos, discutir, etc… 

Te propongo un “cambio de chip”. Usa ese mismo tiempo, pero con estrategia hacia tus objetivos. Antes de cada acción (RT, me gusta, favorito…) piensa ¿Suma? ¿Hago lo que debo hacer? También, puedes hacerlo en el “mundo real” (reuniónes, acudir a eventos, proyectos…). 

Te propongo hacer las mismas cosas que haces ahora, dedicándole el mismo tiempo, pero dándole a cada una de ellas un sentido, una orientación. No importa a que escala. Se trata tomar el control de tus acciones.

3. Inmovilidad vs fuerza paternal.

Tus padres te educaron con la idea de que fueras lo suficientemente libre como para elegir tu camino. Sabes que ellos siempre han querido lo mejor para ti. Pregúntate: ¿estás ahora mismo en la situación en la que eres la mejor versión de ti mismo? Lucha por ti de la misma manera con la que lo hicieron ellos y de la misma manera con la que estás haciendo (o harás) con tus propios hij@s. 

Mira hacia atrás y busca ese niño soñador, idealista e inocente que eras. Adóptate a ti mismo, hazte de madre/padre y prométete que te darás lo mejor que esté en tus manos darte ¿Existe alguna fuerza de propulsión más intensa que esta? 

(Lo siento, se que esta colleja dolió un poco más de lo esperado) 

4. Olvidar los logros y fracasos

Nuestras experiencias han ido moldeando aquello que somos. Todos tenemos un bagaje de logros y fracasos que nos definen.  De alguna manera, bloqueamos cualquier proceso de introspección para evitar recordar y evaluar nuestro pasado, ya que podemos sacar conclusiones que quizás no nos gusten. 

Se valiente. Analiza tus logros y fracasos. 

Algunas ideas: 

Logros:

  • Premios que he ganado.
  • Cosas nuevas que he aprendido 
  • Personas que he conocido en mi camino y han sido importantes en mi vida.

Fracasos: 

  • Estudios incompletos
  • Cosas que no debería haber hecho.
  • Veces en las que tenía algo que decir y he callado

Si quieres profundizar más, puedes trabajar tu Capital Vital. ¿Te atreves? Usa esta plantilla.

5. A nadie le importa mi vida.

¿No quieres contar tu historia? 

Has trabajado duro para conseguir todo lo anterior. Tus experiencias son lo que te definen hoy tal y como eres. Atrévete a abrir tu mochila y a sacar aquello que has aprendido y que hace que el resultado sea algo único que solo tú posees. 

Claro, todos tenemos miedo de contar cosas y que a nadie le importen. De hecho, lo más probable es que lo que tú cuentes no le va a importar a todo el mundo. Pero eso está bien.

No quiere decir que con aquello que tienes que contar no puedas maravillar a suficientes personas como para que no merezca la pena ser contado. 

Muestra todo aquello que solo tú posees. ¡Cuéntanos tu historia a todos! Yo no quiero perdérmela.

6. Ahora no es el momento.

Excusándonos en el perfeccionismo, posponemos el momento de empezar. 

Y aunque sabes lo que debes hacer, lo aplazas, una y otra vez.

Siempre estás pensando que el proyecto ser mejorado, pero solo se mejora cuando está en marcha. 

Si esperas al  momento idóneo para ponerlo en marcha, probablemente este momento nunca llegue. Aunque sea con sencillas acciones, aunque solo sea cuestión de actitud: 

¡Lánzate!

Foto: marta … maduixaaaa

Deja un comentario

shares