Branding y cotidianidad: el poder de lo no extraordinario

Esta semana entra en la recta final uno de los proyectos que he desarrollado con más ilusión durante todo el año: El Programa Laude Un proyecto de colaboración entre el Banc Sabadell y el Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona – IL3.

El objetivo de este proyecto es que los empleados del banco creen, durante aproximadamente unos 6 meses, el prototipo de un proyecto que impacte en la mejora de las dimensiones estratégicas de la organización. Yo me encargo de dirigir los proyectos dedicados al branding corporativo.

Ya van tres ediciones y lo cierto es que LAUDE ha evolucionado de la manera que creo que debe (y deberá) evolucionar: ser una incubadora para embriones de proyectos reales y aplicables para la entidad. Mi objetivo: instigar a que los participantes a que, a partir de sus realidades cotidianas, desarrollen embriones de proyectos reales y aplicables que mejoren procesos o solucionen problemas que se encuentran en las realidades de su día a día. Durante estos tres años de LAUDE, he ido identificando un gran reto para el branding de las empresas que pretenden sobresalir del resto en el futuro: la cotidianidad.

La importancia del mínimo detalle

El día a día se vuelve lo más importante y las marcas deben trabajar, cada vez más, en la dimensión de lo cotidiano, de lo que sucede un día normal. Esas situaciones no extraordinarias, esos momentos “rutinarios”, aquellas cosas que parecen irrelevantes, son cada vez más relevantes para las marcas corporativas. El detalle es más importante que nunca. Y las personas que gestionan el branding corporativo deberán responderse a preguntas como…

  • ¿Hasta dónde pueden llegar las consecuencias (desastrosas o exitosas) de un solo detalle?
  • ¿Qué momentos cotidianos están marcando la diferencia en el posicionamiento de mi marca en la mente de mis clientes?
  • ¿Qué es lo que sucede en mi día a día que, como marca, que me diferencia entre el “sí” y el “no”, el “éxito o el fracaso”, el “ser” o el “desaparecer”?
  • ¿Son felices los trabajadores de mi empresa? ¿Transmiten esta felicidad en lo que hacen en el día a día?
  • ¿Cuáles son los detalles que marcan la diferencia en mi estrategia de branding? ¿Es el color o la textura, aquello que hará que una persona adquiera del estante mi producto? ¿Es el olor al entrar en la tienda?

¿Una cola de 20 minutos para ser atendido va a hacer que un cliente salga por la puerta y no vuelva nunca más?

Pequeños detalles que contienen un mundo en sí mismo. Que marcan la diferencia.

Y estarás de acuerdo conmigo en que quien marca esas diferencias, quién está efectivamente, en la realidad del día a día en la empresa son las personas que la forman.

Si de lo cotidiano depende la potencia de nuestra marca y lo cotidiano depende de los nuestra gente (quizás ya no tanto de las grandes campañas publicitarias), significa que la potencia de nuestra marca depende directamente del relato que comunican las personas que la forman, es decir, los empleados.

Mercados humanos, conversaciones humanas, relatos humanos.

Cada vez es más importante entender algo que deberíamos haber entendido hace ya mucho tiempo: los negocios son resultados de interacciones entre personas. Estoy al 120% de acuerdo con los postulados del “Manifiesto ClueTrain” (tremendo.com/cluetrain) .

Antes de pretender analizar datos, tenemos que comprender cuál es nuestro mensaje al mundo. ¿Qué conversación lideramos (o pretendemos liderar) en nuestro mercado? ¿Cuáles son nuestros argumentos como marca?.

Datos a partir de relatos

Los datos son útiles, pero solo si hay personas detrás capaces de comunicar un relato humano, emocional, relevante y distinto que explique cuál es nuestro propósito y qué es lo hacemos en nuestro día a día para cumplirlo. Solo después de estar seguros que contamos lo que queremos contar, estaremos en disposición de prestar atención a los datos. Los datos son el territorio, las personas construyen el mapa. Sin la construcción de un argumento, los datos no son ni precisos, ni fiables ni válidos. No valen para nada.

Creo que branding va a tener cada vez másque ver con cotidianidad y eso es algo que me interesa y en lo que invertiré tiempo a investigar.

Foto: Óscar (xindilo/fotosderian)

1 comentario en “Branding y cotidianidad: el poder de lo no extraordinario”

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