Siempre ha existido la figura del ladrón, del pillo, de aquél que se quiere beneficiar de aquello que no ha producido con su esfuerzo. Alguien que quiere un trozo del pastel ajeno.

Cada momento, tiene su ladrón.

El pillo se adapta a las circunstancias del entorno para saciar su codicia.

Mil formas, mil momentos, pero todos con el mismo objetivo: robar tu bien más preciado.

  • El oro en internet: la atención.

Hoy, en la nueva economía conectada, la atención es posiblemente el bien más preciado.
Todos, de alguna manera, cuando dejamos nuestro mensaje en internet, lo dejamos con la intención de que alguien, en algún lugar de este planeta, le dedique su atención. Luchamos por el tiempo dedicado de nuestra comunidad a nuestro contenido. Luchamos por generar interacción con aquellos que nos siguen y a lo sumo, que se tomen la molestia de compartir aquello que dejamos en la red con otras personas.

  • Trolls: ladrones de atención

Pero hay personas que no entienden que deben (o son incapaces de) generar el valor suficiente para conseguir la atención alrededor de su mensaje. Y, cuál parásito, se enganchan al valor ajeno para absorber la atención que necesitan.

Ya lo sabes, generar y mantener la atención de tu comunidad es una carrera de fondo. Un estado de equilibrio entre disciplina y creatividad.

Una vez lo consigues, no lo dudes: los ladrones de atención van a aparecer para buscar la manera de poder arañar un poco de esa atención que te están prestando a ti.

  • No les des lo que quieren.

La única manera de combatir a un troll es privarle de aquello que más desea: la atención de tu comunidad o de ti. Por ello, no hay que dudarlo: no les des lo que quieren. Ni una migaja. Elimínalos, bloquéalos.
Apártalos de manera fulminante de tu entorno.

Si les prestas la más mínima atención, le estarás entregando una migaja de lo que más desean. Y eso es permitir que roben lo más valioso que tienes en internet.

Imagen:Tom Sparks