Para las organizaciones que pretenden ofrecer un servicio o un producto, siempre han sido indispensables parámetros de medida.

Por ejemplo, para lanzar un nuevo producto o determinar qué tipo de campaña publicitaria va a funcionar mejor, una empresa mide el comportamiento del consumidor/ grupo al que va dirigido, analiza el entorno y determina que forma debe tomar los resultados.

Para ello se utilizan técnicas como estudios de mercado muy elaborados, focus grupos, entrevistas, jornadas de puertas abiertas, etc. Las empresas invierten mucho dinero en personal, infraestructuras, equipos… Los sistemas de investigación son, sin lugar a dudas, muy precisos. Los métodos tienen fuertes pilares teóricos que los sustenta y excelente tecnología para su aplicación.

Pero planteémonos: ¿y si lo que estamos midiendo en realidad no es del todo útil? ¿Y si estamos generando un conocimiento poco fiable que sólo va a existir con la finalidad de convencernos a nosotros mismos de que “X” campaña, producto, servicio va a funcionar? Muchas veces, medimos lo mismo una y otra vez porque “hay que medirlo”, obteniendo los mismos resultados de siempre y confirmando los resultados que ya de antemano sabíamos que íbamos a obtener.

Creo que en el mundo de las organizaciones y de los negocios, no está suficientemente controlado el denominado sesgo de confirmación, efecto por el cual tenemos a sesgar los resultados obtenidos favoreciendo las informaciones que confirman las propias creencias o hipótesis. Y esto sucede porque da miedo reconocer que puede existir y da mucho trabajo controlarlo.

¿Es posible encontrar maneras de medir alternativas que nos ayuden a complementar lo que siempre medimos? Parece ser que sí. Incluso en una medida tan clásica, como conocer la riqueza de un país, podemos ser creativos.

Esto último es preciosamente lo que propone NEF, que rompe los esquemas de los indicadores sociales con una interesante propuesta: el Happy Planet Index (HPI).

Como ya sabemos, para medir el crecimiento, el bienestar social y la calidad de vida de un país, comunidad o localidad, existen varios indicadores como el PIB, la esperanza de vida, índice de desempleo, índice de calidad de vida, tasa de divorcio, seguridad, medioambiente, etc… ¿Estos indicadores “clásicos” realmente indican cuanto bienestar hay en nuestra vida o en nuestra sociedad? Podemos intuir que por si solos, no dibujan ni la calidad ni la distribución del crecimiento y / o el bienestar de una comunidad.

Por tanto, tenemos dos grandes opciones si nos proponemos hacer una evaluación en este sentido; o bien complementar las informaciones de varios índices, analizando el cruce de sus variables, (lo que una y otra vez se ha hecho) o bien crear nuevos.

NEF propone un indicador alternativo que se calcula mediante la siguiente formula:

El HPI “refleja el promedio de años de vida feliz producidos por una determinada sociedad, nación o grupo de naciones, por unidad de recursos planetarios consumidos. Dicho de otra manera, representa la eficiencia con que los países convierten los recursos finitos de la Tierra en bienestar experimentado por sus ciudadanos” (HPI según sus creadores).

A partir de esta interesante propuesta, podemos intuir que quizás no siempre debamos medir lo mismo, una y otra vez, para demostrar a nosotros mismos o al directivo de turno de la misma manera de siempre para logra los mismos hitos que todo el mundo.