Desapuntarme del gimnasio.

Invirtiendo “la clásica” de año nuevo, este mes de enero me he desapuntado del gimnasio.

Quién me conoce sabe que el deporte me mantiene vivo. Después de toda la vida practicándolo (en algunos momentos, con etapas de alto rendimiento), es la gasolina que me alimenta. Es una parte muy importante para mí.

Después de una gran experiencia practicando CrossFit, me he dado cuenta que tener que acudir a un sitio, dentro de un horario y tener una rutina de ejercicios predeterminada “me quema”.Este año, busco:

  • Llegar a tener mi propio sistema de entrenamientos.
  • Centrarme más en el movimiento, en la postura, en el equilibrio, en la calidad de cada ejercicio.
  • Alejarme de la estética y centrarme en el propósito de trabajar el cuerpo.
  • Escuchar a mi cuerpo y entender que me pide, que es lo que necesita ser entrenado y de  qué manera.  Esto implica necesariamente el siguiente punto:
  • Ser más libre. Tener más libertad para decidir dónde, cómo y con qué intensidad decido hacer deporte.

También voy a ir contando mis avances sobre este tema en mi blog, de manera esporádica.

Trabajar menos

Lo convencional podría ser desear trabajar más, pero para mi uno de los objetivos para 2018 es trabajar menos, pero que las horas que invierta en trabajo produzcan mucho más, sean de más calidad, entregue más valor al mundo y me permitan obtener más ingresos tanto activos como pasivos (mediante principalmente la creación de “infoproductos”).   

Dar el doble de lo que recibo.

Lo convencional podría ser intentar ganar más de lo que doy, pero creo en las leyes de la abundancia. No como leyes mágicas en las que el mundo “te da”, sino, siendo más prácticos, como la aplicación del efecto Win-win, pero a nivel personal. Si entrego mucho, recibo mucho. Ganar – ganar. Abundancia.

Desaprender

Lo convencional podría ser querer aprender más cosas de las que ya se. Lo que sucede es que seguir aprendiendo lo doy por supuesto. Aprender viene en mi “de serie”, porque algo que he descubierto es que lo que en realidad me mueve a hacer las cosas quehago es el aprendizaje que obtengo de ellas. Si en algún trabajo, empleo o proyecto dejo de aprender, me aburro y lo dejo de lado. Por ello, este año me centraré en trabajar el lado opuesto: desaprender. Desaprender todos aquellos esquemas mentales que he aprendido, deconstruirlos y volver a construir mi historia de la mejor manera que sepa.

Ser más obstinado.

Lo convencional podría ser intentar no obsesionarme con las cosas que me obsesionan. Pero… ¿has conocido a alguien que destaque en algo con lo que no se haya obsesionado? Yo tampoco.

La verdad, soy un tipo sin ningún gran talento (de hecho, no creo en el talento), pero obstinado, lo soy un rato. Ser obstinado puede parecer un defecto, pero lo voy a convertir en una ventaja. Voy a aprovechar mi obstinación para focalizar mi “core” de trabajo en un punto: la conexión humana (e investigar cómo puede ayudar a personas y empresas). Basta de rodeos. Esto es lo que me motiva de verdad y voy a por ello.

Ser más raro

Lo convencional sería querer ser más “normal” (¿madurar?). Yo quiero ser más raro y por consiguiente, más único.

Eso no significa que me ponga en medio de la calle con la cabeza metida en una cacerola y me empiece a aporrear con una barra de metal, para crear un gran ruido. Tú ya sabes de qué tipo de rareza te hablo.

Me baso en la idea sobre que uno de los esquemas mentales más dañinos que se nos programa en nuestra cabecita (con toda la mejor intención del mundo, no lo dudo) es el de la complacencia. Intentamos complacer a todo el mundo… lo que se conoce como “quedar bien”, vaya. Y yo te pregunto ahora… ¿has conocido a alguien que destaque en algo y que no sea visto, al menos por un tiempo, como un “bicho raro”? Yo tampoco.

Dejar de querer ser normal es imprescindible para ser mejor. Voy a trabajar en maneras que me permitan ser cada vez más raro. Ya veremos cómo.

 

Foto: Sonia Troncoso