Desde el primer artículo sobre marca personal, “The Brand Called You” (Fast Company, 1997), Tom Peters plantea (así lo entiendo) el concepto como una reorganización de las relaciones profesionales en su conjunto y de entender el trabajo, en un sentido holístico, dentro de la vida de las personas. Lo veo en este párrafo:

“Start right now: as of this moment you’re going to think of yourself differently! You’re not an “employee” of General Motors, you’re not a “staffer” at General Mills […] Forget the Generals! You don’t “belong to “any company for life, and your chief affiliation isn’t to any particular “function.” You’re not defined by your job title and you’re not confined by your job description.”

Quizás nunca ha ocurrido la prometida revolución de la marca personal, ok,  pero creo que sí es una respuesta inteligente y adaptativa a una revolución mucho más profunda: la revolución de un sistema que ya no es como lo entendíamos.

La marca personal es la capacidad de una persona, equipo u organización de tener un control estratégico de las variables que influyen en la conexión humana.

Se trata de aceptar la responsabilidad de ser dueño de tus acciones.

Si trabajas tu marca personal, vas a ser responsable de tus éxitos y no vas a tener excusas para deshacerte de tus fracasos.

Toma las riendas de tu vida, reconoce tus pasiones y dedícate a aquello que te hace feliz, que te hace “fluir”.

La revolución no es para todo el mundo

Dirigidos a todo profesional u organización, los procesos y estrategias de personal branding están disponibles para todo el mundo.

Pero eso no significa que cualquiera pueda “jugar” a implementar un plan de marca personal. La marca personal está de moda, es guay, pero debes hacerlo bien. Aquí te la juegas.

Foto credit: Paul Keller